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lunes, 14 de octubre de 2013

CRÓNICA CINCO: EN BUSCA DE UNA BANDEJA PAISA

Al principio fue difícil encontrar al protagonista de esta historia. Emprendí el viaje el domingo algo indispuesta, pues el campo nunca ha sido mi fuerte; es cierto que una parte de mi vida la he vivido en este lugar, pero no ha sido de mi agrado, todo porque mis padres viven ahí, pero este no es el punto de estas líneas.

En compañía de cuatro compañeros abordamos la Flota Cachira en la plaza de Guarín para dirigirnos al kilómetro 20 vía a Cúcuta cerca de las dos de la tarde. La ruta fue tortuosa, muchas curvas, polvo, música popular, al “aroma” a campo y me encuentro atrapada en mis audífonos creyéndome superior por estudiar en una universidad y escuchar otro tipo de música, pero en ese instante mi instinto humanitario me hace reflexionar y caigo en la conclusión de que hay muchas personas que hacen un enorme esfuerzo por cuestión de transporte para salir adelante y sobre todo para llevarnos comida a nuestras mesas.

El viaje duró cerca de una hora; durante la ruta estuvimos pendientes de una finca que tuviese muchos cultivos y así poder realizar nuestro trabajo y voila, encontramos la huerta perfecta, se notaba el verde de unas hortalizas bien cuidadas y trabajadas, los surcos bien hechos y de inmediato nos fuimos a presentar. Se encontraban tres personas en la labor de pintar y en manada nos acercamos, rompiendo el hielo con un “buenas tardes”, estos señores interrumpieron sus quehaceres, al ver que no decían nada, solo sus miradas puestas en nosotros inspeccionándonos porque éramos forasteros, proseguí y dije: “podría hacernos el favor de dejarnos tomar unas fotos a sus cultivos” y estos a la defensiva, nos dieron la negativa; me enojé mucho, pues qué les costaba colaborarnos y así se dice que los campesinos son amables.

Desalentados seguimos caminando, después de unos 5 metros de camino, encontramos a una señora de edad muy amable, llamada Toña, quién sin mucha insistencia se ofreció a colaborarnos.  Nos comentaba que en este lugar ya eran pocas las personas que se dedicaban a sembrar debido a la construcción de la doble calzada, los jóvenes desplazaron el campo por trabajar a costa de un sueldo mínimo. Alrededor de las 3:45 ingresamos a una finca, invadiendo la propiedad privada –pensamos nosotros- pero la señora nos dijo que conocía al dueño, cosa que nos tranquilizó un poco.

No puedo negarlo, parecíamos niños pequeños tomando fotos, caminando entre la maleza y riendo, uno de mis acompañantes manifestó “me siento Arturo Cova inspeccionando la selva”. En compañía de la señora Toña caminamos en la huerta cuando llega el encargado de ésta. Nos sorprendimos mucho, pues entramos sin ninguna autorización, pero este señor, llamado “Juaco” muy amablemente también nos colaboró.


Nos sentamos en medio de una siembra de fríjol, y empezó a contarnos la “odisea” de sembrar este producto, lo llamo así, porque es un arduo trabajo de cosecha. Don Juaco nos dijo: “esto es una cadena, al finalizar cada cosecha de frijol es importante dejar la última tanda de recogida en la mata para que seque y sirva de semilla”.

Este hombre contó que se dejaban cerca de dos semanas el frijol en la planta hasta que se secara totalmente, posteriormente se proseguía a desgranar y se seleccionaba la semilla, el grano más grande y rojo, para así garantizar una buena cosecha.


Después de este proceso de selección, viene lo más difícil, la preparación de la tierra, este campesino manifestó: “primero se pica el terreno que se va a sembrar, luego se desterrona (al picar la tierra se sacan trozos grandes de ésta, la “desterronada” es el proceso de desboronar estos bloques de tierra), después se abona con gallinaza”, de inmediato le pregunté cuál era ese abono y me contestó que era el tamo que se le sacaba a las gallinas, es decir, estiércol de gallina, el cual lleva un proceso de compostaje que se realiza bajo techo y con lombrices quienes son las que realizan dicho compostaje.

Finalmente, se hacen pequeños huecos en la tierra ya arada y se introducen dos granos de fríjol cada diez centímetros y se tapan, esto para garantizar que nazca una planta en cada hoyo; en ocasiones se siembra acompañado de arveja. Para evitar que los pajaritos se coman las semillas, se recurre a vasos desechables que los colocan boca abajo sobre el huequito.

Al cabo de una semana el frijol empieza a germinar y de inmediatamente se recurre a quitar los vasos desechables para que la planta empiece a recibir los rayos del sol. Don Juaco mencionó que en tiempo de verano era importante regar la siembra, muy temprano antes que saliera el sol o cayendo la noche, pues el sol podía quemar el cultivo. El sistema de riego cuenta con surtidores de agua que recolectan de nacimientos.

Seguido de esto, se procede a otra parte compleja de este proceso de siembra, realizar tendidos de alambre para colgar el fríjol, debido a que es una planta parecida a una enredadera que necesita extenderse, para ello, clavan troncos delgados en la tierra y se hace una red con alambre, parecido al de los viñedos, a diferencia de que el fríjol como crece en la tierra se debe colgar con pita a este alambre, una labor en la cual tarda casi un día completo este campesino, pues se debe cuidadosamente amarrar cada planta.


Al siguiente mes, (se llevan dos meses de proceso), la planta de fríjol grande, empieza a florecer, lo cual les advierte que ya viene el producto. Durante este tiempo se debe abonar la plata, deshierbar, o sea, quitar las plantas que no son parte de este proceso, es decir, la maleza. Después de la flor, se empiezan a ver los primeros fríjoles en su cascara.


Al tercer mes de sembrado, se prepara para la recolección, una tarea jarta para cualquiera de nosotros pues se trata de coger planta por planta y retirar suavemente cada fríjol y dejar allí aquellos que aún no han madurado, pero para Don Juaco es una tarea apasionante, ya que se trata de sus raíces y su esencia.



Me atreví a recolectar unos cuantos fríjoles, no lo hice tan mal para ser mi primera vez, terminé súper embarrada y cansada, pero mi recompensa fue aquellos granos que había recogido, los cuales llevé a mi casa. Terminamos ese tarde con un buen chocolate y así retornamos cada uno a nuestras casas.

Al siguiente día mi madre preparó una deliciosa bandeja paisa con aquellos fríjoles frescos que me dieron gusto de comer, pues a pesar de no haber participado en la siembra sí lo hice en la recolección.




Saber que es un proceso bastante arduo y no nos detenemos a pensar el trabajo que lleva, solo compramos indiferentes en la plaza una libra por 1.000 ó 2.000 pesos y hasta pedimos rebaja; pero tenemos que vivir el campo para valorar el trabajo que hacen día a día estos campesinos para darnos de comer.

CUANDO LLEGUÉ DEL COLEGIO (Secuencia de imágenes)

Jairo Aníbal Niño

Cuando llegué del colegio,
me quité los zapatos,
dejé en el suelo la maleta
donde cargo útiles y
libros,

me senté en el viejo sofá
que me gusta tanto,

llamé a mi gato para
acariciarlo,

no quise almorzar ni hablar
con nadie,
y le sostuve la mirada al
retrato de Zico
que tengo pegado en la pared.

Más allá de la ventana pasó
un color tan rápido
que sólo alcancé a ver un
pedazo de pájaro o de
mariposa.

Saqué del bolsillo de la
camisa una hoja de cuaderno
donde ella había escrito su
nombre.

Es trigueña, de trenzas, se
llama Alejandra, se ríe
lindo,
y tiene nueve años como yo.

Estudia en tercero A,
y al recordarla
sentí un corrientazo por
dentro
como si me empezara a doler
el estómago del corazón.

lunes, 7 de octubre de 2013

CRÓNICA CUATRO: FUGACIDAD DE AMOR



“Aún lo recuerdo como si fuera ayer”, es lo que manifiesta Juan Maldonado con un leve suspiro y una profunda tristeza en sus ojos, a punto de escapársele una lágrima. Esta historia comienza un 20 de Septiembre de 2011, en el mes de los enamorados y para este par –Juan y Sofía- no iba a ser la excepción. 

Se encontraba Sofía aquella mañana en la parada de bus, en su cara se reflejaba un poco de afán, debido a que iba tarde a su trabajo, en ese preciso momento pasa en su automóvil Juan quien era vecino de ella; por cosas del destino sus miradas nunca se habían cruzado hasta ese momento, ya que sus corazones se flecharían en un instante.

Este caballero queriendo ser amistoso ofrece su colaboración a la dama llevándola cerca del trabajo, pues coincidencialmente quedaba por la ruta que usaba Juan; Sofía temblorosa se sube en el auto y con un buenos días entre cortado mira a éste. Ese encuentro de miradas, ahora más cercanas produjo entre este par una fuerte química. 

Durante el recorrido su conversación fue amena y se conocieron un poco más, Maldonado decide dar el primer paso y así rompe el hielo diciendo “Esos huequitos que se te hacen en las mejillas, se le hacen también a mi mamá”, Sofía solo se sonroja y agacha la mirada. Posteriormente Juan pide a ésta iniciar una bonita amistad, ella un poco dudosa debido a la diferencia de edad, acepta y da su número de teléfono; y como no todo dura para siempre, llegó el momento que los dos menos querían, cada uno debía ir a sus trabajos.

Una semana después, nuestra hermosa dama recibe una llamada, y para sorpresa suya era Juan, ella muy emocionada lo saluda con efusividad y éste ve aquel gesto con agrado; se proponen salir esa misma tarde. A la salida de su trabajo, Juan estaba esperando a Sofía para ir juntos a comer, durante la velada hablaban de sus gustos, intereses y pasatiempos, este par empiezan a sentir los estragos del amor; pero como en casi todas las historias se presenta un pequeño lunar, Juan estaba atravesando por su divorcio, cosa que Sofía tenía muy presente.

Al cabo de tres meses, sus almas se habían vuelto una sola, Juan superó su divorcio y veía en Sofía una compañera y amiga, solían hacer todo juntos, pasear por las calles, sentarse a mirar la luna, hablar por horas, cuando podía ella le colaboraba con las cosas de su trabajo –debido a que era ingeniero civil-,  es por esto que el dichoso caballero decide proponerle matrimonio a Sofía.  Tras una cena en un reconocido restaurante de Bucaramanga, en medio de velas y muchas flores, Juan se arrodilla y ofrece un anillo a Sofía, como muestra de amor y mientras las personas del lugar miraban a Maldonado como un loco enamorado, Sofía con dicha en su corazón lo besa y acepta casarse con él.

Para finales de diciembre de ese mismo año, los preparativos marchaban como viento en popa, pero hacía falta un pequeño detalle, ¿Cómo le dirían a los padres de Sofía de la dichosa boda?, por el momento pensaron en guardar silencio mientras buscaban la casa en donde vivirían y crecerían sus futuros hijos; este par de enamorados no contaban con la aparición de un recuerdo del pasado que empañaría esa felicidad. Para el 29 de diciembre, se descubre ante los padres de Sofía el romance que llevaba con Juan, debido a la ex esposa de Juan quien decidió arruinar esta felicidad; siendo los padres de Sofi muy conservadores, no vieron con buenos ojos esta relación y mucho menos dieron el consentimiento para la boda, así que decidieron llevarla lejos, a un lugar donde no tuviera acceso a comunicarse con Juan.

Después de un tortuoso mes, vuelve Sofía un poco delgada y con amargura en sus ojos a casa de sus padres, a éstos los veía como enemigos ya que lo apartaron del hombre de su vida; durante ese tiempo guardó la esperanza de que aún Juan la esperaría, pero la realidad fue otra, éste había vuelto con su esposa. Durante los siguientes días ella se preguntaba “¿por qué?, ¿quizá dejó de quererme?, ¿de verdad me amaba?”. 

Para el mes de enero del siguiente año, tuvo la oportunidad de encontrarse con Maldonado y le pidió mil explicaciones, éste con un ligero dolor en su alma le dice “era lo mejor para los dos”, “tomé la decisión pensando en tú bienestar”; con lágrimas en los ojos, Sofía gritaba en su interior, “lo mejor para los dos”, “si lo mejor para nosotros era estar juntos”, con esta inmensa tristeza y decepción vuelve a su casa, se encierra en su cuarto y como cualquier ser humano se desahoga llorando; por un lapso de dos horas piensa en los momentos vividos con Juan, sus planes de boda y la terrible separación, un poco temerosa, busca entre sus cosas algo que le ayude a sobre llevar su pena y en medio de la crisis decide lanzarse del balcón de su casa, culminando así con su vida.

La noticia llegó a oídos de Juan, quien se desespera al saber el acontecimiento. Sofía muere un 30 de enero, la caída proporcionó su muerte instantánea. Hoy día los padres de ésta culpan a Maldonado por la pérdida de su hija, sin cuestionarse, que la culpa también  recaía en ellos por haberse interpuesto en aquel amor. Por su parte Juan se lamenta por la muerte de Sofía, y cada viernes  se acerca al cementerio a llevarle flores y hablar con ella. En la conciencia de este hombre retumba su falta de carácter y haberse cruzado de brazos ante el primer obstáculo.

domingo, 28 de julio de 2013

CRÓNICA TRES: MALDITO DESPERTADOR

Nuevamente me levanto con ganas de hacer aquello que ha venido turbando mi paciencia, mis pensamientos y mis sueños. Y no es para menos sentirme inquieta, he esperado con ansias a que llegue este día. En muchas ocasiones hemos intentado con Armando hacerlo, pero siempre se nos interpone algo.  La primera vez estuvimos  punto, pero escuchamos murmullos lo que nos turbó y dañó el encuentro, la segunda, estábamos en las puertas de la casa ya de salida y tuvo que entrar a cuidar a su hermana; en fin, han sido más las veces que nos hemos quedado con las ganas de intentarlo.

Hoy domingo espero que sea el día. Son las nueve de la mañana y Armando pasa por mi casa para invitarme a salir; después de un desayuno y de la bendición que me dan mis padres y posteriormente de la despedida cortés de Armand -como le dicen cariñosamente en casa-, salimos y él me cuenta los planes que tiene preparados para el día de hoy.

Estoy algo emocionada, creo que mi cara expresa la tensión y efervescencia que nos ofrece el momento, pienso que por fin tendremos la oportunidad de estar juntos y elevar a otro nivel nuestra sexualidad. Son alrededor de las diez de la mañana, y nos vamos en su carro para Zapatoca, -es lo que dijimos en casa-; y no estamos mintiendo, sólo que ese no es nuestro destino final. Mareada por tantas curvas y la inmensidad de los cerros y precipicios, Armando se desvía por una carretera destapa y cariñosamente me dice “no tengas miedo”.

A lo lejos puedo escuchar el arrullo y tranquilidad que produce el cauce de un arroyo. Mi corazón palpita a mil por hora y mi expresión no puede ser más evidente. Con una leve caricia Armand me dice que deje la ansiedad –y cómo no sentir ansiedad sí es lo que hace tiempo deseo- -creo que es un poco tonta su intervención intentando calmarme-. Nos internamos entre la maleza siguiendo el arroyo,  él me comenta que cerca de allí se encuentra un pozo en el cual nos podemos bañar, por un momento creo que ya tenía bien estudiado el lugar y eso me da tranquilidad porque presiento que esta vez sí será.

Con el ardiente sol de mediodía, y un poco apenada por no haber traído ropa de baño, Armando rápidamente me ofrece su camisa para que pueda meterme en el arroyuelo. Con dulces palabras y galanteos, me aplica bloqueador para que el sol no pueda producirme alguna insolación.

Sumergidos ya en el agua y como prosiguiendo en un ritual, algo mojados no sólo por el roce con aquel manantial, sino también por la desbordante pasión  que entre nosotros dos ha surgido, empezamos a acariciarnos y besarnos como un par de chiquillos, la excitación que nos produce aquel encuentro  hace palpitar nuestros corazones y sentir a la vez temor que nos encuentren desnudos en aquel lugar, pero también es esta emoción la permite que cada vez suban más los ánimos y se despierte nuestro deseo.


Después de casi quince minutos –algo relativo, ya que pude perder la noción del tiempo- acompañados de besos, caricias, roces y suspiros de desahogo, además de uno que otro pescadito que muerde nuestras piernas y nos roban sonrisas en medio de la nada, Armando, procede a quitarme la camisa y quedo totalmente desnuda, y no sólo desnudamos nuestros cuerpos, además lo hicimos con nuestras almas; con la piel erizada provocada por la brisa y también por presencia de mi amado, en un lento suspiro él me dice que me ama, mis sentimientos y emociones no pueden ser mejores, pero para desgracia de mi suerte el maldito despertador suena con la alarma que me dice que ya es hora de despertar y tristemente debo volver a la realidad y quedarme una vez más con las ansias de hacerlo.

miércoles, 10 de julio de 2013

CRÓNICA DOS: DE COMPADRES A ENEMIGOS

Es sábado por la mañana y los primeros rayos del sol cobijan al par de compadres que todos los días salen a laborar por las calles del Centro de Bucaramanga, y no es cualquier trabajo ya que madrugan a las tres de la mañana para comprar la mercancía que posteriormente venderán al “menudeo” como ellos mismo lo llaman. Sí, son vendedores ambulantes que por medio de este humilde pero honrado trabajo intentan sacar adelante a sus familias conformadas por esposa y cinco hijos respectivamente.

La mañana transcurre sin percances, Juan, el vendedor de la zorra amarilla con banderas de Colombia que contiene mangos, invita el desayuno a su compadre Jorge quien vende aguacates en una canasta pequeña para mejor comodidad. El desayuno es el predilecto de todo colombiano, tamal, chocolate y pan, realmente se ve la familiaridad con que se tratan este par de personas, y no es para menos, Jorque es el padrino de Wendy, la hija menor de Juan.

Trascurren las horas y empieza el agitado comercio por la calle 33, cerca de la plaza central; las señoras de la “vida alegre”, (si es que se le puede llamar así a las pobres mujeres que tuvieron poca fortuna en la vida), salen a esperar clientes pueblerinos que llegan en busca de los servicios de éstas; el tráfico se hace más lento por las múltiples carrozas de mercado ubicadas sobre la calle y la gente que se estaciona para escoger la mejor mercancía para llevar a sus hogares. Jorge logra vender tres aguacates por cinco mil, además ayuda a su compadre convenciendo a la ama de casa para que lleve también los frescos mangos de Juan para que haga un delicioso jugo para el almuerzo. En esta constante interacción de fraternidad pasa la mañana hasta que llega el almuerzo.

Con el ardiente sol de mediodía los compadres mandan a comprar un par de cervezas para calmar la sed producida por “el mono” (el sol), que entre risas y chanzas van pidiendo más alcohol y dejan a un lado su mercancía para darse un espacio de esparcimiento y diversión. Mientras van llegando sus hijos a pedir dinero para comprar golosinas, los compadres completan una caja de cerveza Águila y se va acortando el presupuesto para el mercado semanal de sus casas. 

Hacia las cinco y treinta de la tarde el alcohol ha inundado cada vena de sus cuerpos y los ha vuelto vulnerables; fraternalmente se proclaman la amistad sincera que llevan y lo duradera que llegará a hacer, pero a las seis de la tarde esta amistad daría un vuelco.

No en vano dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad, y esta razón sería la causa de un rose; a Jorge se le ocurre mencionar un encuentro furtivo que tuvo en su juventud con Marina, la mujer de Juan, éste bastante acalorado y decepcionado de su compadre saca su cuchillo con el que abre las cajas de mercancía y amenaza a Jorge con arrebatarle la vida. Éste no se queda atrás y desenfunda un arma corto punzante con la que responde a las amenazas de Juan. Mientras los gritos de los curiosos y algunos transeúntes impactados, se va avivando  la riña entre los dos hombres que hasta hace una hora eran amigos y compadres del alma.

En una maniobra bien elaborada y aprovechando el descuido de Jorge a quien el alcohol está disminuyendo sus reflejos, Jorge clava en el abdomen de su compadre el cuchillo y posteriormente se ensaña con éste hombre que cayó boca abajo contra el pavimento; al ver correr la sangre, los curiosos llaman inmediatamente a las autoridades competentes quienes no demoran en bajar del CAI ubicado en el parque Centenario. Dos de los tres policías esposan a Jorge quién todavía se encuentra sobre el cuerpo aún con vida de su compadre, salpicado hasta el alma de sangre se llevan al vendedor de aguacates para el CAI e inician el proceso legal correspondiente; por otro lado la ambulancia traslada de inmediato a Juan al hospital universitario pero en el camino muere.

Ante esta situación que agrava el delito de Jorge, éste es enviado a la cárcel modelo a primera hora del domingo. Los forenses indicaron que el pulmón de Juan estaba totalmente destruido por las diferentes puñaladas recibidas que en total fueron cuarenta y cinco.

La investigación que reunió el encargado del caso arrojó que el comportamiento de este par de compadres  era habitual pero el sábado 13 de abril la historia cambiaría. Los testigos dijeron que se había iniciado ya que Juan insultó a la madre de su compadre, otros dijeron que fue porque Jorge no quería pagar las dos canastas de cervezas consumidas en la tarde y unos pocos mencionaron la razón anteriormente citada de los amoríos de Marina y Jorge.


La única verdad es que por una tarde de “frías” dos familias quedaron sin padre, por un lado la familia del difunto Jorge y por el otro la familia de Juan, quien recibió 25 años de cárcel por su delito y sobre todo terminó la amistad entre dos grandes compadres quienes por los influjos del alcohol se convirtieron en enemigos.

CRÓNICA UNO: INTENSA ACTIVIDAD EN EL CENTRO COMERCIAL CUARTA ETAPA



Es difícil saber qué es lo que hacen verdaderamente los adolescentes dentro de los centros comerciales; principalmente se tiene conocimiento de actividades que se limitan en la visita a la zona de comidas, de juegos, o simplemente “vitriniar”. Para alguno de nosotros como jóvenes es un espacio de esparcimiento y sana diversión.

 Después de una dura jornada llena de parciales y trabajos, me dirijo al centro comercial Cabecera Cuarta Etapa para comer helado en compañía de un amigo, es martes, alrededor de las dos de la tarde e igual que muchos jóvenes que frecuentan este establecimiento, mi amigo y yo paseamos por todas las tiendas,  antojados de zapatos, ropa y carteras. Cansados de caminar durante una hora, nos dirigimos a Mimos para comer helado y mientras disfrutamos de nuestra “copa euforia” divisamos a las demás personas. 

Es curioso ver que algunos jóvenes hoy frecuentan el centro comercial cuarta etapa en estos tiempos en que se abren al mercado quizás dos de los más grandes centros comerciales del oriente colombiano como lo es “El Cacique” y “Parque Caracolí”.

En primera instancia creeríamos que se debe a que Cuarta Etapa se encuentra en la periferia de la ciudad, está ubicado en la zona de Cabecera que podríamos decir es exclusiva en la ciudad, además podemos estar todo un día entero en él y hacer innumerables de cosas como ir a cine, hacer compras, comer y estaremos más cerca para llegar a casa pero la realidad es otra.

Hoy por hoy, en donde los medios de comunicación como la televisión o el internet proporciona un sin número de series en donde los adolescentes son rebeldes y decididos, permite que este factor afecte la inocencia y la moral de dichos jóvenes, no por el hecho de ver parejas comiendo helado y pasear por todo el centro comercial para pasar tiempo juntos, sino por lo que suelen realizar dentro de estos lugares. Lo extrañamente increíble es que frecuentan Cine Colombia de Cuarta Etapa, ya que permanece solo entre función y función.

Son las cuatro de  la tarde y movidos por la curiosidad, mi amigo y yo nos desplazamos a Cine Colombia para para ver la película que se estrena este día, nos encontramos detrás de una pareja que no tiene en mente la película que van a ver, por el contrario buscan una función en dónde no se encuentre mucha gente, lo sorprendente de la escena es la ubicación que escogen, en la parte más alta del cinema; en ésta función hay unas cuantas personas pero en la parte inferior más cerca de la pantalla; con ganas de estudiar este comportamiento compramos una boleta en la misma función y un poco cerca a la pareja.

Inicia la película alrededor de las cuatro y treinta en completa normalidad; pasados algunos minutos, para sorpresa nuestra, hemos notado que la pareja  no le pone atención a la película, ya que aprovechando la oscuridad de la sala empiezan a besarse y al joven se le ven más manos de las normales, parece un “pulpo”. Observando de reojo, para evitar levantar sospechas y en un momento de euforia, vemos que la chica tiene su cara en la parte inferior del cuerpo del chico. Y esto no termina ahí, después de un cuarto de hora más, llegando así a las cinco de la tarde, la joven quien trae una minifalda, se sienta cuidadosamente sobre los extremidades inferiores de su pareja y lentamente se siente un movimiento y agitada la respiración entrecortada de la chica ya que el joven tiene su mano sobre la boca de ella. Aterrada totalmente de tal conducta, salimos rápidamente de la sala.

No es la primera vez que ocurre en el centro comercial, esto dicen algunos jóvenes y celadores de turno, el sexo en el cine sea convertido en una nueva forma de salir de la rutina recurriendo a la adrenalina saliendo así de la rutina y “fortaleciendo más las relaciones”.
Pero esto no sólo se ve en Cine Colombia de Cuarta Etapa, también se da en los baños del centro comercial, los chicos buscan la manera de ingresar a las cabinas sanitarias en pareja para realizar sus prácticas lujuriosas. Es una problemática que se ha vuelto frecuente en éste centro comercial y también los demás centros comerciales, la influencia de los anteriormente mencionados medios de comunicación, han provocado en los jóvenes abrir sus mentes a otras posibilidades de disfrutar la vida con una dosis de adrenalina.

¿Será que se dan cuenta las demás personas de éstas prácticas? ¿Qué piensan los directivos de los centros comerciales de éstas situaciones? La realidad es que la gente hace caso omiso a estas situaciones, ya que pueden encontrar en flagrancia a estas parejas, pero como no se trata de sus hijos o familiares, ignoran la situación y hacen como si nada hubiese pasado. La tarea está en los padres ya que éstos deben hablar más con sus hijos y hacerles ver que las prácticas ya mencionadas no son la única alternativa de salir de la rutina y hacer una relación más intensa.







                                                                  

martes, 16 de abril de 2013

DE NUEVO EN LA NIÑEZ


No puedo negar que cuando me enteré de la noticia de hacer una marioneta, me invadió una ira y entré en caos, creo que no fui la única persona a la que le sucedió lo mismo, varios de mis compañeros expresaron el mismo sentimiento; y no es para menos, estamos en una época en donde todos los profesores dejan trabajos y trabajos, no nos dejan respirar. 

Resignada con cumplir con este trabajo emprendí la marcha; hacía unos meses ya había hecho marionetas con mi grupo de trabajo, las realizamos en cartón paja y pensé que por ese lado tendría ventaja. Pasó toda la Semana Santa y no me surgían las ideas estaba indecisa entre hacer una bruja o un lobo feroz, pero no quería realizarla de la forma que ya conocía, quería hacerla de madera. Una compañera me envió un video de “Hágalo usted mismo” y especificaban claramente cada paso.

Empecé a entusiasmarme poco a poco, recordé mis días en el colegio en donde me maravillaba de cada trabajo manual, la verdad no era muy brillante ni tenía la destreza, pero me esforzaba con cada cosa que hacía. Y así lo fue con la marioneta, compré los materiales necesarios, madera, clavos, hilos, cáncamos, tela, entre otros. La verdad inicié el pasado domingo con ello, me desperté muy temprano y empecé con mi proyecto, tomé medidas, corté madera y me gustó el esqueleto que había formado durante toda la mañana. 

Luego inicie con el vestido, decidí hacerlo con encajes negros, pues tenía pensado hacer una bruja, cocí alrededor de 3 horas seguidas, a mano, fue muy gratificante ver que el vestido poco a poco iba tomando forma.



 Al finalizar la tarde, sucedió un pequeño problema con la cabeza de la marioneta, se dañó y pronto me tocó improvisar una cabeza con madera que había en mi casa, por eso quedó algo desproporcional la cabeza con el resto del cuerpo, proseguí a vestir a mi marioneta y finalmente colocarle las cuerdas para el movimiento. Fue difícil, no conseguía hacerla mover, se me enredaban los hilos, fue horrible, maldecí como nunca. Por un momento quise botarla y dejar la dichosa marioneta a un lado, pero mi padre con paciencia la desenredó y solucionó el problema. 

El producto final no fue una bruja, sino una viuda a la cuál bauticé como Bernarda Alba, igual que un personaje de la célebre obra de Federico García Lorca “La casa de Bernarda Alba”. No fue la marioneta más linda, pero al igual tuve la satisfacción de que la elaboré y le dediqué tiempo, con ello salí un poco de la rutina y regresé a mis días de infancia.